Cerro El Ávila: cinco leyendas que debes conocer

Entretenimiento Nacionales

Casi todas las imponentes montañas del mundo tienen sus secretos, mitos o eventos inexplicables. El Ávila, símbolo natural y orgullo de la ciudad de Caracas, no es la excepción.

Las leyendas que tienen al Ávila como protagonista son historias muy curiosas, algunas un poco extrañas, pero todas forman parte de la memoria de Caracas y del patrimonio cultural de los venezolanos. A continuación te dejamos algunas de las más conocidas:

La leyenda indígena del origen de la montaña

De acuerdo a los indígenas venezolanos, en tiempos antiguos no existía la montaña, todo era plano y hasta se podía ver el mar.

La leyenda cuenta que, hace mucho tiempo, las tribus ofendieron a la gran Diosa del Mar. Como castigo por su rebelión e irreverencia hacia los espíritus que habitaban los ríos, bosques y montañas, los Dioses enviaron una gran ola mortal que arrasaba con árboles y animales, presagiando la extinción de toda la vida.

Los Chamanes trataron de conjurar el castigo, pero no lograron detener el evento que habían profetizado los ancianos de la tribu. Entonces, la gente se arrodilló y de corazón imploró perdón a la Diosa. Fue tan intenso el clamor arrepentido del pueblo que, justo cuando la ola iba a descender sobre ellos, se convirtió en la gran montaña que hoy se conoce como El Ávila.

También le puede interesar leer: «Salto Ángel, la majestuosa caída de agua símbolo de Venezuela»

Apareció el sol y un arco iris adornó el valle. Todos voltearon hacia el cerro reverenciando su grandiosa silueta y gritaron ¡Waraira-Repano!, ¡Waraira- Repano! (Sierra Grande). Es por esa razón que el cerro Waraira Repano, como lo llamaban nuestros ancestros, cambia de colores con el paso del sol.

La Virgen del Picacho

Los pobladores cuentan que en la gran piedra del Picacho se puede distinguir la imagen de la virgen María tallada de forma natural y que el resplandor del sol en ocasiones permite ver el manto azul que la cubre.

La leyenda narra que un sacerdote de La Guaira mandó a cortar la piedra donde se veía la Virgen para trasladarla a su iglesia y decidió cubrirla hasta el día de la gran ceremonia. En el momento de la revelación ante los feligreses, la piedra estaba completamente lisa, pero en el Picacho la santa imagen volvió a aparecer.

La cabina fantasma del tramo del Litoral

En el año 1956, sucedió un trágico accidente que provocó el cierre del teleférico del Litoral. Una de las cabinas para 24 personas se cayó de una considerable altura, causando la muerte de todos los pasajeros.

Por esa razón, decidieron cerrarlo «hasta nuevo aviso», pero el teleférico no volvió a funcionar y quedó en el olvido. Sin embargo, en 2003, uno de los pobladores de San José de Galipán pudo ver algo inquietante cerca de la estación Loma de Caballo. Contó que había una cabina de 24 personas, de las antiguas, colgada de una guaya que el día anterior no estaba ahí. Otras personas también han afirmado haberla visto.

El Doctor Knoche de El Ávila

El conocido sector Canoche debe su nombre al doctor alemán Gottfried Knoche, que construyó una casa en El Ávila (convertida luego en Mausoleo) donde se dedicó al embalsamamiento y realizó estudios con una fórmula química secreta.

También le puede interesar leer: «Archipiélago de Los Roques: un verdadero paraíso en el Mar Caribe»

Luego de la muerte del médico, la casa fue saqueada por buscadores de tesoros y estudiantes de medicina que querían hallar el secreto de la fórmula embalsamadora.

Algunas de las pavorosas momias de Canoche fueron robadas y otras enterradas en 1959 por órdenes del Ministerio de Sanidad.

El Peñón del diablo

Hace muchos, muchos años, se escuchaban de noche los cantos de un hombre en los alrededores del peñón. Pero cuando alguien intentaba descubrir de quién provenían, no se veía a nadie. Así comenzó el rumor de que era el diablo el que cantaba y al lugar se le nombró Peñón del Diablo.

El asunto no le gustó a los monjes misioneros, por lo que decidieron bendecir una estatuilla de la Virgen que fue llevada en procesión. Finalmente, la colocaron en la piedra mirando hacia el mar y los cantos cesaron.

A pesar de todo, todavía se escucha a muchos pobladores y visitantes llamarlo el Peñón del Diablo.

Fuentes: porunavenezuelaposible.com