¿Quién es Carlos Erik Malpica Flores, el sancionado sobrino favorito de Cilia Flores?

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Durante el gobierno de Nicolás Maduro se desempeñó como comisionado presidencial para Asuntos Económicos y Financieros, y subtesorero de la Oficina Nacional del Tesoro. También fue vicepresidente de Finanzas de PDVSA, hasta su destitución el 14 de enero de 2016.

Aunque no suele mostrarse en público, el nombre de Carlos Erik Malpica Flores va unido a una serie de negocios turbios. De hecho, el extesorero nacional y su familia registraron 16 empresas en Panamá desde el 2013, año de la llegada de su tío Nicolás al poder.

Carlos Malpica Flores nació el 17 de septiembre de 1972. Se graduó como administrador en 1999 en la Universidad de Carabobo. Dos años después obtuvo un título de especialista en Mercadeo. Hasta febrero de 2011, se ganaba la vida en el cargo de Administrador III. Lo que llama la atención es su ascenso meteórico gracias a la protección de sus tíos: «Todo el mundo sabe que Carlos Erik sacó a su familia de Venezuela para Panamá, y que tiene muchas empresas allá», aseguró un funcionario que lo conoció durante sus años de servicio público.

Una cosa es cierta, la primera dama combatiente es una mujer que ayuda y protege a su familia, aunque no en cualquier circunstancia. Por ejemplo, en 2008 los medios encontraron en la nómina de la Asamblea Nacional, dirigida en ese entonces por Cilia, a 47 parientes suyos con excelentes cargos. Pero al mismo tiempo, parece haberle importado muy poco que a otro sobrino y un hijo de crianza los encarcelaran en Estados Unidos por conspirar para introducir un cargamento de cocaína.

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Carlos Erik, hijo de su hermana Eloísa, consolidó mucho más poder tras su paso por la administración pública. La Vicepresidencia de Finanzas de PDVSA, cargo que le fue asignado a finales de 2014, representó el pináculo de una carrera que comenzó el 28 de septiembre de 2005 con el nombramiento como director General de Gestión Administrativa y Servicios en la AN, cuando su tío político presidía el Parlamento.

Cuando el presidente Hugo Chávez nombró a Maduro ministro de Relaciones Exteriores, Malpica ocupó un cargo similar en la Cancillería. A finales de 2012, con Chávez desahuciado y Maduro afianzado como su sucesor, el sobrino entró a la Vicepresidencia de la República como Director General encargado.

Finalmente, con Maduro en la presidencia de Venezuela, alcanzó la posición de administrador de las finanzas del país: fue subtesorero, director general del Bandes y Tesorero de la Nación, en ese orden. Sin tener verdaderas credenciales para ello, sólo su apellido, manejó el presupuesto nacional, muchos fondos financieros y los créditos adicionales, que los economistas expertos consideran inauditables por la ausencia de informes y balances públicos.

No obstante, su empeño en mantener un perfil bajo se volvió inútil con la detención de los narcosobrinos en Haití. Unas fotos tomadas en diciembre de 2014 en una discoteca de Saint Barth, una isla caribeña, acabó con su relativo anonimato.

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Cuando ya pertenecía a la directiva de PDVSA, el administrador coincidió en Panamá con sus padres, Carlos Malpica Torrealba y Eloísa Flores, del 2 al 10 de septiembre de 2015. En esa misma semana y ciudad, los Malpica Flores registraron 10 empresas «familiares». Igualmente, se pudo establecer que los mismos personajes habían fundado dos empresas en 2014 y cuatro más en los primeros meses del 2015.

Cada empresa fue registrada con un capital inicial de 10.000 dólares. Los nombres de las compañías sugieren un emporio dedicado al transporte marítimo: Seaside Services, Marine Administration Panamá, Maritime Crews Inc., Oceanos Investors Corp. Pero ese es apenas uno de los casi 30 objetivos de cada empresa. Según el documento constitutivo de todas, también se dedican a la compra de muebles e inmuebles, contratación de servicios de personal y transporte, investigación de propiedades, demolición, exportaciones, importación, reexportación, transporte aéreo y terrestre, contratación y participación en licitaciones públicas y privadas, etc.

En todas las firmas participan Iriamni, la hermana de Carlos Erik; Evelyn Malpica, la tía paterna; y su padre, Carlos Evelio. Cada uno de los involucrados está al frente de una empresa. En el resto del conglomerado figuran como directores, tesoreros o suscriptores de acciones.

Fuentes panameñas señalan que la proliferación de compañías podrían tener una razón operativa: la apertura de múltiples cuentas bancarias. El objeto declarado hace suponer que la familia buscó aprovecharse de las ventajas que ofrecía una economía importadora como la venezolana y los vacíos del control de cambio de entonces, para hacer negocios muy lucrativos.

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Sin embargo, Carlos Erik no figura con cargo alguno en la estructura de las empresas panameñas, lo cual parece una decisión acorde con su costumbre de guardar las apariencias. En el pasado, Malpica Flores sí aparecía en la directiva de las compañías familiares Inlasa y Redilama, registradas en Valencia y dedicadas a la muy vaga actividad de «la explotación mercantil de la representación de productos nacionales y extranjeros».

Malpica Flores fue sancionado por el gobierno de Canadá el 15 de abril de 2019, junto a otros 42 funcionarios vinculados al régimen de Nicolás Maduro. De acuerdo a Chrystia Freeland, ministra de relaciones exteriores canadiense, los funcionarios fueron sancionados por estar «directamente implicados en actividades que socavan las instituciones democráticas».

Su nombre también fue incluido entre los funcionarios y empresarios chavistas sancionados por el TIAR el 3 de diciembre de 2019. Las medidas incluyen la congelación de cuentas y la prohibición de ingresar al territorio de los países miembros del Tratado.

Carlos Erik fue noticia nuevamente en junio de 2022, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo excluyó de la lista de personas sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).

La acción se llevó a cabo un mes después de que un alto funcionario estadounidense declarase a la agencia The Associated Press que «la Plataforma Unitaria negoció y nos vino a pedir que lo hiciéramos, para poder volver a la mesa de negociación». Un beneficio que Carlos podría perder ante la tozudez del indocumentado por imponer sus reglas a los Estados Unidos, podría echar para atrás.

Redacción: Alicia Salazar

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