Efectos de la vacunación anti COVID-19 sobre la salud mental

Salud

La generalización de los problemas mentales causada por diversos factores asociados a la pandemia, pusieron sobre la palestra la necesidad de atender correctamente este aspecto de la salud.

Después de casi dos años de un contexto de amenaza y el aumento de la desconexión social, lo que más les cuesta a las personas es manejar la sensación de falta de control y la incertidumbre que genera un mundo en pandemia: el miedo de lo que va a pasar y no saber cuándo va a culminar esta situación. Las reacciones comunes son la irritabilidad, la ansiedad, las dificultades para dormir y, en algunos casos, el shock.

No obstante, un estudio publicado en la revista científica «American Journal of Preventive Medicine» asegura que vacunarse contra el COVID-19 mejora ostensiblemente el bienestar psicológico, y disminuye la angustia y la percepción de los riesgos de infección, hospitalización y muerte por la enfermedad.

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Según el investigador principal, Jonathan Koltai, del Departamento de Sociología de la Universidad de New Hampshire en Durham, Estados Unidos: «Nuestro estudio documenta importantes beneficios psicológicos de la vacunación más allá de la reducción del riesgo de enfermedad grave y muerte asociados al COVID-19».

La angustia psicológica y la ansiedad se incrementaron drásticamente a nivel mundial tras el inicio de la pandemia a principios de 2020. Varios factores contribuyeron a empeorar el deterioro de la salud mental en la población, como la pérdida generalizada de empleos, el aislamiento social, la inseguridad alimentaria, la discriminación racial y el abuso de sustancias.

En 2021, los síntomas depresivos persistieron y aumentaron para aquellos que se vieron expuestos a una acumulación de estrés. Además, no es de extrañar que muchas personas experimentan temores anticipados que contribuyen a multiplicar los problemas de salud mental.

Los datos del mencionado estudio se obtuvieron de 8.090 adultos que fueron entrevistados regularmente entre marzo de 2020 y junio de 2021. Su análisis reveló una evidente disminución en las percepciones de riesgo vinculadas al COVID-19 y la angustia psicológica, después de la administración de la vacuna.

Explicado en cifras, los adultos que recibieron al menos una dosis de la vacuna entre diciembre de 2020 y junio de 2021 informaron una reducción relativa del 7% en la angustia mental, determinada mediante las puntuaciones de angustia del Cuestionario de Salud del Paciente 4 (PHQ-4), comparado con los niveles medios registrados en el período inmediatamente anterior a la vacunación.

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La reducción de la angustia es, en parte, consecuencia de la disminución de la percepción del riesgo después de la vacunación. La inmunización se asoció a un descenso de 7,77 puntos porcentuales en la percepción del riesgo de infección, de 6,91 puntos porcentuales en la percepción del riesgo de hospitalización y de 4,68 puntos porcentuales en la percepción del riesgo de muerte. Finalmente, el ajuste de las percepciones de riesgo redujo la asociación entre el estrés y la vacunación en un 25%.

Los efectos positivos persistieron en el tiempo y se hicieron más fuertes hasta ocho semanas después de la vacunación. Es destacable que mientras las respuestas de los participantes vacunados y no vacunados tuvieron tendencias similares antes de la administración de la vacuna, se diferenciaron significativamente después de la misma: en los no vacunados los niveles de angustia psicológica no cambiaron.

El sólo hecho de vacunarse hizo que las personas además de estar más seguras, también se sintieran así. Para entenderlo, es importante resaltar el concepto general de salud. Según la OMS, «salud» no es la ausencia de enfermedad, sino el estado de completo bienestar físico, psicológico, emocional y social. Si algo bueno ha tenido la pandemia, ha sido darle a la salud mental la importancia que merece. Ahora, es un derecho humano más dentro del derecho a la salud y el acceso a la vacunación se vuelve aún más necesario.

Redacción: Enrique Hernández

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